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COVID-19 al asecho de todos

En el mes de Diciembre de 2018, en la ciudad China de Wuhan se reporto el primer caso de la enfermedad conocida como COVID-19, una enfermedad producida por un virus de la familia de los Coronavirus, de transmisión fundamentalmente interpersonal, y con afectación de las vías respiratorias.

Rapidamente la OMS dicto la orden de Pandemia, y la enfermedad se disperso a nivel mundial, ocasionando graves perdidas en todo sentido. Vidas humanas, trabajos, perdidas económicas, etc. La ciencia continua trabajando a brazo partido, para ayudar a la humanidad a mitigar los efectos que estamos sufriendo los seres humanos, y por sobre todas las cosas quienes padecen, padecieron o pudieran padecer la enfermedad, ya que el desconocimiento que hay sobre la misma, hace que el día a día sea un aprendizaje continuo.


Desde lo inicios del reporte de casos de la enfermedad, se conoce que las personas mas afectadas eran aquellas que se encontraban aquejadas por múltiples enfermedades, siendo las mas riesgosas Diabetes, Hipertensión Arterial, o cualquier afectación respiratoria. Luego se determino que también las personas que padecían Obesidad tenían mas riesgo de padecer una forma grave de Covid 19, dado que la COVID 19 es una enfermedad altamente inflamatoria, de todos los órganos y sistemas, y la obesidad es una enfermedad crónica, con una inflamación sistémica sostenida, de bajo grado, que cuando cursa junto con COVID, se potencia, y genera estragos en el organismo, evolucionando a formas graves de la enfermedad e incluso llevando a la muerte. Una asociación directa entre cantidad de grasa corporal, y gravedad de la enfermedad. Las personas mayores, por sobre todo a partir de los 65 años, también podían/pueden contraer la enfermedad y tener mas probabilidad de evolucionar a formas graves de la misma, elevándose la tasa de mortalidad por COVID 19 en todos estos grupos de edad.


Quedaban excluidos de tener mayor posibilidad de evolucionar a una forma grave de la enfermedad las personas jóvenes, y los que tuvieran un peso llamado "saludable", aun sin presentar enfermedades o patologías de base.


Pero como dije, dia a dia se sigue aprendiendo de esta enfermedad que aqueja a la humanidad, y pese a que se haya avanzado en la vacunación, en diversos lugares del mundo, la PREVENCION debe seguir siendo nuestro único desvelo.

Un estudio publicado por la prestigiosa Universidad de Oxford, nos devela lo siguiente:


"Las personas que se considera que se encuentran en las regiones superiores del rango de IMC “saludable” tienen un mayor riesgo de desarrollar COVID-19 grave."


Se considera que un IMC saludable está entre 18,5 y 25 y aunque sabemos que es un indicador que no discrimina entre masa muscular y masa grasa, es lo que esta universalmente homologado para diagnosticar niveles de peso saludables y patológicos. El nuevo estudio muestra que por cada punto por encima de los 23 de IMC, el riesgo de que una persona sea hospitalizada por COVID aumenta en un cinco por ciento. Ademas tienen un diez por ciento más de probabilidades de necesitar un tratamiento de cuidados intensivos. Pero el riesgo es más significativo en los adultos más jóvenes y alguien de entre 20 y 39 años. Se observo que este grupo, presenta un nueve por ciento más de riesgo de hospitalización por cada punto de IMC por encima de 23. También tienen un 13 por ciento más de probabilidades de ser admitidos en la UCI y un 17 por ciento más de probabilidades de morir que si tuvieran un IMC de 23 o menos. Realmente estas cifras nos dejan con la boca abierta, y casi como que sin entender nada.


Como resultado, los autores del nuevo estudio sugieren que las personas obesas y con sobrepeso deben tener prioridad para la inoculación de la vacuna en lugar de proceder con el enfoque de la edad.


Si quieres leer el articulo completo, aquí te dejamos el link


Full Text https://www.thelancet.com/journals/landia/article/PIIS2213-8587(21)00089-9/fulltext







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